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22 noviembre, 2015

[Poema] El Sueño de un Curioso, Charles Baudelaire



El Sueño de un Curioso



Tú conoces, igual que yo, el dolor sabroso
y haces decir de ti: «¡Ah, qué hombre tan extraño!»
-Yo iba a morir. Había en mi alma amorosa
ansia y horror mezclados, un mal particular;

angustia y esperanza, sin humor rebelde.
Cuanto más el reloj vaciaba su arena,
más deliciosa y ávida se hacía mi tortura.
Mi corazón partía del mundo familiar.

Estaba como el niño de espectáculo ansioso
que el telón, como se odia un obstáculo, odiaba...
Por fin se reveló la verdad fría: muerto

sin extrañeza estaba, y la aurora terrible
envolvíame. -¡Y qué! ¿No es nada más que esto?
Se levantó el telón y aún seguía esperando.

[Poema] Las dos Hermanitas, Charles Baudelaire [Las Flores del Mal]


Las Dos Hermanitas

Sí, la Orgía y la Muerte son dos amables chicas,
colmadas de salud y fecundas de besos,
cuyo prístino seno revestido de harapos
jamás parió debajo de la eterna tarea.

Al poeta siniestro, que a las familias odia,
dilecto del infierno, cortesano sin rentas,
lupanares y tumbas le enseñan en sus pérgolas
un lecho donde nunca llega el remordimiento.
Y el féretro y la alcoba, pródigas en blasfemias,
a rachas nos ofrecen, como buenas hermanas
dulzores horrorosos y terribles placeres.

¿Cuándo, Orgía, en tus lúbricos brazos has de enterrarme?
¿Cuándo vendrás, oh Muerte, su rival en encantos,
a injertar en sus mirtos infectos tus cipreses?

[Poema] Una Mártir, Charles Baudelaire [Las Flores del Mal]



Una Mártir

dibujo de un maestro desconocido 

En Medio de jarrones, de bordadas estofas
y de muebles voluptuosos,            
de mármoles, de cuadros, de perfumados trajes
que caen en pliegues suntuarios,

en una tibia cámara, donde el aire malsano
es como el de un invernadero,
donde ramos murientes en cristalinos féretros
exhalan su último suspiro,

sin cabeza un cadáver derrama, como un río,
sobre la almohada ya sin sed,
roja y viva una sangre, que la tela se bebe
con la avidez de una pradera.

Cual las visiones pálidas que hace nacer la sombra
y que los ojos nos apresan,
con el montón sombrío de su pelo y sus joyas
tan apreciadas, la cabeza,

cual ranúnculo, encima de la mesa de noche
reposa; y ya sin pensamientos,
una mirada vaga, blanca como el crepúsculo
lanzan sus ojos sin pupilas.

Sin escrúpulo el tronco desnudo sobre el lecho
extiende en completo abandono
la belleza fatal y el esplendor secreto
que le dio la naturaleza;

en la pierna, una media rosa y bordada de oro,
como un recuerdo le ha quedado;
la liga, como un ojo secreto que llamea,
lanza mirada diamantina.

El singular aspecto de esta gran soledad
y de un retrato grande y lánguido,
que igual que su actitud a los ojos provoca,
revela un amor tenebroso,

una culpable dicha y festejos extraños
llenos de besos infernales,
que gozaba el enjambre de los ángeles malos
que nadaban en las cortinas;

sin embargo, a juzgar por la fina elegancia
del hombro de roto contorno,
la picuda cadera, la esbeltez de su talle
como un irritado reptil,

¡Ella es aún muy joven! -Sus sentidos que muerde
el Hastío y su alma crispada
¿se habrían entreabierto a la jauría loca
de ansias errantes y perdidas?

¿El hombre vengativo que, viva, no pudiste
saciar, ni con todo tu amor,
colmó sobre tu carne complaciente e inerte
la inmensidad de su deseo?

¡Di, cadáver impuro! Y por tus trenzas rígidas
un febril brazo levantándote,
dime, horrenda cabeza, ¿sobre tus dientes fríos
dejó los supremos adioses?

-Lejos del mundo impuro, de la chusma burlona,
de los curiosos magistrados,
duerme en paz, duerme en paz, oh tú, criatura extraña,
en tu sepulcro misterioso;

tu esposo corre el mundo, y la forma inmortal
vela a su lado cuando él duerme;
igual que tú sin duda él ha de serte fiel
y constante hasta que se muera.

[Poema] La Destrucción, Charles Baudelaire [Las Flores del Mal]



La Destrucción
A mi lado el Demonio sin cesar se revuelve;
nada a mi alrededor como un aire impalpable;
yo lo trago y lo siento quemando mis pulmones
y de un deseo eterno y culpable llenarlos.

Toma a veces, pues sabe cuánto me gusta el Arte,
la forma de la más seductora mujer,
y, bajo el engañoso pretexto de la murria,
acostumbra mis labios a sus filtros infames.

Así me lleva, lejos de la vista de Dios,
jadeante y trizado de fatigas, en medio
de llanuras de Hastío, profundas y desiertas,

y en mis pupilas llenas de confusión arroja
mancillados vestidos, heridas palpitantes,
y de la Destrucción el sangrante boato.


17 noviembre, 2015

[Poema] Toda Entera, Charles Bauderlaire [Las Flores del Mal]



Toda Entera

El Demonio vino a mi cuarto
esta mañana a visitarme,
y buscando cogerme en falta
dijo: «Quisiera yo saber

cuál de entre todas las bellezas
que constituyen su atractivo,
de entre las cosas rosas y negras
que hacen su cuerpo encantador,

es el más dulce?» -¡Oh, alma mia!
Tú al Enemigo replicaste:
«Pues es díctamo todo en ella,
nada se puede preferir.

Cuando todo me encanta, ignoro
si alguna cosa me seduce.
Ella deslumbra cual la Aurora,
y da consuelo cual la Noche.

Y la armonía de su cuerpo
es exquisita en demasía,
para poder analizar
en ella acordes tan diversos.

¡Oh mística metamorfosis:
se funden todos mis sentidos
en uno!, ¡Es música su aliento,
como su voz hace el perfume!».

[Poema] Madrigal Triste, Charles Baudelaire [Las Nuevas Flores del Mal]



Madrigal Triste

I

¿Qué me importa que sabia seas?
¡Sé bella, y sé triste! Los lloros
añaden al rostro un encanto,
como al paisaje hacen los ríos;
la tormenta aviva las flores.

Te amo más cuando la alegría
de tu frente abatida huye;
y en horror tu pecho se ahoga;
y en tu presente se despliega
la nube horrible del pasado.

Te amo cuando tus ojos vierten
agua caliente cual la sangre;
cuando, aunque te acune mi mano,
tu angustia, muy densa, taladra
cual estertor agonizante.

Yo aspiro, ¡divino deleite!
¡himno profundo, delicioso!
el gemir todo de tu pecho;
¡tu corazón creo que alumbran
las perlas que tus ojos vierten!

II

Sé que tu pecho, que rebosa
viejos amores desgajados,
llamen aún como una fragua,
y que abrigas bajo tu seno
algo de orgullo demoníaco;

mas, querida, mientras tus sueños
el Hades no hayan reflejado,
y que pesadilla sin tregua,
soñando espadas y venenos,
de hierro y polvo enamorada,

abriendo a todos con temor,
en todo viendo la desdicha,
convulsa cuando dan las horas,
no hayas sentido los brazos
del Asco siempre irresistible,

tú no podrás, mi esclava reina
que sólo me amas con espanto,
en la malsana noche horrible
decirme a gritos desde tu alma:
«¡Yo soy tu igual, oh, tú, mi Rey!»

15 noviembre, 2015

[Poema] La muerte de los Amantes, Charles Baudelaire [Las Flores del Mal]



La Muerte de los Amantes

Tendremos divanes profundos cual tumbas,
lechos de ligeros aromas repletos,
y flores extrañas sobre las repisas,
que bajo los cielos más bellos se abran.

Usando a porfía su calor postrero,
nuestros corazones serán dos antorchas,
que reflejarán sus dobladas luces
en nuestros espíritus, espejos gemelos.

Una noche mística, de rosa y de azul,
intercambiaremos un único rayo,
cual largo sollozo, repleto de adioses;

y más tarde un Ángel, abriendo las puertas,
leal y gozoso, vendrá a reanimar,
los sucios espejos, las llamas extintas.


[Poema] Mujeres Condenadas, Charles Baudelaire [Las Flores del Mal]


Mujeres Condenadas

En la arena tumbadas, cual recua pensativa,
hacia los horizontes del mar sus ojos vuelven,
y con los pies se buscan y sus manos cercanas
desmayos dulces tienen y temblorosos amargos.

Unas, almas prendadas de largas confidencias,
en el fondo del bosque donde arroyuelos cantan,
de niñeces medrosas el amor deletrean
y graban en el tronco de verdes arbolillos;

las ostras, como monjas, marchan lentas y graves
a través  de las rocas de apariciones llenas,
donde vio San Antonio surgir sus tentaciones
con los pechos desnudos y purpúreos, cual lavas;

las hay que, al resplandor de chorreantes resinas,
en el mundo agujero de los astros paganos,
te llaman en ayuda de sus aullantes fiebres
¡Oh, Baco, que los viejos remordimientos duermes!

Y hay otras, cuyo cuello ama el escapulario,
que, escondiendo el cilicio bajo sus largas ropas,
mezclan en los boscajes, las noches solitarias,
la espuma del placer y el llorar del tormento.

¡Oh mártires, oh vírgenes, oh demonios, oh monstruos,
cuyas almas tan grandes la realidad desprecian,
satiresas, devotas en busca del infinito,
ora llenas de gritos, ora llenas de llantos,

a vosotras, que mi alma persiguió en vuestro infierno,
amo, pobres hermanas, y a la par compadezco,
por vuestras tristes penas, vuestra sed insaciable
y las umas de amor que vuestros pechos colman!

12 noviembre, 2015

[Poema] Confesión, Charles Baudelaire [Las Flores del Mal]



Confesión 

Una vez, una sola, buena y dulce mujer,
sobre mi brazo vuestro brazo
se apoyó (este recuerdo en el fúnebre fondo
 de mi alma no ha palidecido);

era tarde; lo mismo que una medalla nueva
la luna llena se mostraba,  
y la noche solemne como un río fluía,
sobre el París adormecido.

Y siguiendo las casas, bajo puertas cocheras,
furtivamente iban los gatos,
el oído al acecho, o bien, sombras queridas,
acompañándonos sin prisa.

De pronto, en medio de la franca intimidad
abierta a la pálida luna,    
de vos, rico y sonoro instrumento en que vibra
radiante alegría tan sólo,  

de vos, clara y gozosa, igual que una fanfarria
en la mañana relumbrante,
una nota quejosa, una nota muy extraña,    
temblando toda, se escapó

como una niña mala, sombría, inmunda, horrible,
que abochornase a su familia,
y que para ocultarla del mundo, largo tiempo  
en una cueva la encerraron.

Cantaba, pobre ángel, vuestra nota chillona:
«Que aquí debajo nada es cierto,
   
que, por más que de afeites se cubra, el egoísmo
humano siempre se traiciona;

que es un oficio duro el de ser mujer bella,
y que es la estúpida tarea    
de aquella bailarina, loca y fría, extasiada
en una risa maquinal;        

que es necio edificar sobre los corazones;
que amor y belleza se quiebran,
hasta que los arroja el Olvido en su cuévano
y los vuelve a la Eternidad»  

Yo he evocado a menudo esta luna encantada,
este desmayo, este silencio,
horrible confidencia en el confesonario
del corazón cuchicheada.   



[Poema] El Gusto de la Nada, Charles Baudelaire [Las flores del mal]



El Gusto de la Nada

Triste espíritu, antes amante de lucha,
la Esperanza -Su espuela tu ardor espoleaba-
¡no quiere ya montarte! Tiéndete sin vergüenza,
jamelgo cuyo paso tropieza en cada estorbo.

Resígnate, alma mía; duerme un sueño de bruto.

¡Vencida alma engañada! Para ti, vieja pícara,
el amor perdió el gusto, igual que la disputa;
¡Adiós, cantos de cobre y suspiros de flauta!
Placeres, no tentéis a un corazón asqueado!

¡La hermosa primavera ha perdido su aroma!

Y el tiempo me devora minuto por minuto,
como la nieve inmensa vuelve rígido un cuerpo;
desde lo alto contemplo la redondez del globo
y ya no busco en él el calor de una choza.

Avalancha, ¿no quieres llevarme en tu caída?