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17 noviembre, 2015

[Poema] Madrigal Triste, Charles Baudelaire [Las Nuevas Flores del Mal]



Madrigal Triste

I

¿Qué me importa que sabia seas?
¡Sé bella, y sé triste! Los lloros
añaden al rostro un encanto,
como al paisaje hacen los ríos;
la tormenta aviva las flores.

Te amo más cuando la alegría
de tu frente abatida huye;
y en horror tu pecho se ahoga;
y en tu presente se despliega
la nube horrible del pasado.

Te amo cuando tus ojos vierten
agua caliente cual la sangre;
cuando, aunque te acune mi mano,
tu angustia, muy densa, taladra
cual estertor agonizante.

Yo aspiro, ¡divino deleite!
¡himno profundo, delicioso!
el gemir todo de tu pecho;
¡tu corazón creo que alumbran
las perlas que tus ojos vierten!

II

Sé que tu pecho, que rebosa
viejos amores desgajados,
llamen aún como una fragua,
y que abrigas bajo tu seno
algo de orgullo demoníaco;

mas, querida, mientras tus sueños
el Hades no hayan reflejado,
y que pesadilla sin tregua,
soñando espadas y venenos,
de hierro y polvo enamorada,

abriendo a todos con temor,
en todo viendo la desdicha,
convulsa cuando dan las horas,
no hayas sentido los brazos
del Asco siempre irresistible,

tú no podrás, mi esclava reina
que sólo me amas con espanto,
en la malsana noche horrible
decirme a gritos desde tu alma:
«¡Yo soy tu igual, oh, tú, mi Rey!»

12 noviembre, 2015

[Poema] Confesión, Charles Baudelaire [Las Flores del Mal]



Confesión 

Una vez, una sola, buena y dulce mujer,
sobre mi brazo vuestro brazo
se apoyó (este recuerdo en el fúnebre fondo
 de mi alma no ha palidecido);

era tarde; lo mismo que una medalla nueva
la luna llena se mostraba,  
y la noche solemne como un río fluía,
sobre el París adormecido.

Y siguiendo las casas, bajo puertas cocheras,
furtivamente iban los gatos,
el oído al acecho, o bien, sombras queridas,
acompañándonos sin prisa.

De pronto, en medio de la franca intimidad
abierta a la pálida luna,    
de vos, rico y sonoro instrumento en que vibra
radiante alegría tan sólo,  

de vos, clara y gozosa, igual que una fanfarria
en la mañana relumbrante,
una nota quejosa, una nota muy extraña,    
temblando toda, se escapó

como una niña mala, sombría, inmunda, horrible,
que abochornase a su familia,
y que para ocultarla del mundo, largo tiempo  
en una cueva la encerraron.

Cantaba, pobre ángel, vuestra nota chillona:
«Que aquí debajo nada es cierto,
   
que, por más que de afeites se cubra, el egoísmo
humano siempre se traiciona;

que es un oficio duro el de ser mujer bella,
y que es la estúpida tarea    
de aquella bailarina, loca y fría, extasiada
en una risa maquinal;        

que es necio edificar sobre los corazones;
que amor y belleza se quiebran,
hasta que los arroja el Olvido en su cuévano
y los vuelve a la Eternidad»  

Yo he evocado a menudo esta luna encantada,
este desmayo, este silencio,
horrible confidencia en el confesonario
del corazón cuchicheada.   



[Poema] El Gusto de la Nada, Charles Baudelaire [Las flores del mal]



El Gusto de la Nada

Triste espíritu, antes amante de lucha,
la Esperanza -Su espuela tu ardor espoleaba-
¡no quiere ya montarte! Tiéndete sin vergüenza,
jamelgo cuyo paso tropieza en cada estorbo.

Resígnate, alma mía; duerme un sueño de bruto.

¡Vencida alma engañada! Para ti, vieja pícara,
el amor perdió el gusto, igual que la disputa;
¡Adiós, cantos de cobre y suspiros de flauta!
Placeres, no tentéis a un corazón asqueado!

¡La hermosa primavera ha perdido su aroma!

Y el tiempo me devora minuto por minuto,
como la nieve inmensa vuelve rígido un cuerpo;
desde lo alto contemplo la redondez del globo
y ya no busco en él el calor de una choza.

Avalancha, ¿no quieres llevarme en tu caída?