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17 agosto, 2016

Poema, Hacia nuevos mares. Friedrich Nietzsche


Allí quiero ir; aún confío
en mi aptitud y en mí.
En torno, el mar abierto, por el azul
navega plácida mi barca. 
Todo resplandece nuevo y renovado,
dormita en el espacio y el tiempo el mediodía.
Sólo tu ojo — desmesurado
me contempla ¡oh Eternidad!

22 noviembre, 2015

[Poema] Una Mártir, Charles Baudelaire [Las Flores del Mal]



Una Mártir

dibujo de un maestro desconocido 

En Medio de jarrones, de bordadas estofas
y de muebles voluptuosos,            
de mármoles, de cuadros, de perfumados trajes
que caen en pliegues suntuarios,

en una tibia cámara, donde el aire malsano
es como el de un invernadero,
donde ramos murientes en cristalinos féretros
exhalan su último suspiro,

sin cabeza un cadáver derrama, como un río,
sobre la almohada ya sin sed,
roja y viva una sangre, que la tela se bebe
con la avidez de una pradera.

Cual las visiones pálidas que hace nacer la sombra
y que los ojos nos apresan,
con el montón sombrío de su pelo y sus joyas
tan apreciadas, la cabeza,

cual ranúnculo, encima de la mesa de noche
reposa; y ya sin pensamientos,
una mirada vaga, blanca como el crepúsculo
lanzan sus ojos sin pupilas.

Sin escrúpulo el tronco desnudo sobre el lecho
extiende en completo abandono
la belleza fatal y el esplendor secreto
que le dio la naturaleza;

en la pierna, una media rosa y bordada de oro,
como un recuerdo le ha quedado;
la liga, como un ojo secreto que llamea,
lanza mirada diamantina.

El singular aspecto de esta gran soledad
y de un retrato grande y lánguido,
que igual que su actitud a los ojos provoca,
revela un amor tenebroso,

una culpable dicha y festejos extraños
llenos de besos infernales,
que gozaba el enjambre de los ángeles malos
que nadaban en las cortinas;

sin embargo, a juzgar por la fina elegancia
del hombro de roto contorno,
la picuda cadera, la esbeltez de su talle
como un irritado reptil,

¡Ella es aún muy joven! -Sus sentidos que muerde
el Hastío y su alma crispada
¿se habrían entreabierto a la jauría loca
de ansias errantes y perdidas?

¿El hombre vengativo que, viva, no pudiste
saciar, ni con todo tu amor,
colmó sobre tu carne complaciente e inerte
la inmensidad de su deseo?

¡Di, cadáver impuro! Y por tus trenzas rígidas
un febril brazo levantándote,
dime, horrenda cabeza, ¿sobre tus dientes fríos
dejó los supremos adioses?

-Lejos del mundo impuro, de la chusma burlona,
de los curiosos magistrados,
duerme en paz, duerme en paz, oh tú, criatura extraña,
en tu sepulcro misterioso;

tu esposo corre el mundo, y la forma inmortal
vela a su lado cuando él duerme;
igual que tú sin duda él ha de serte fiel
y constante hasta que se muera.

[Poema] La Destrucción, Charles Baudelaire [Las Flores del Mal]



La Destrucción
A mi lado el Demonio sin cesar se revuelve;
nada a mi alrededor como un aire impalpable;
yo lo trago y lo siento quemando mis pulmones
y de un deseo eterno y culpable llenarlos.

Toma a veces, pues sabe cuánto me gusta el Arte,
la forma de la más seductora mujer,
y, bajo el engañoso pretexto de la murria,
acostumbra mis labios a sus filtros infames.

Así me lleva, lejos de la vista de Dios,
jadeante y trizado de fatigas, en medio
de llanuras de Hastío, profundas y desiertas,

y en mis pupilas llenas de confusión arroja
mancillados vestidos, heridas palpitantes,
y de la Destrucción el sangrante boato.


17 noviembre, 2015

[Poema] Madrigal Triste, Charles Baudelaire [Las Nuevas Flores del Mal]



Madrigal Triste

I

¿Qué me importa que sabia seas?
¡Sé bella, y sé triste! Los lloros
añaden al rostro un encanto,
como al paisaje hacen los ríos;
la tormenta aviva las flores.

Te amo más cuando la alegría
de tu frente abatida huye;
y en horror tu pecho se ahoga;
y en tu presente se despliega
la nube horrible del pasado.

Te amo cuando tus ojos vierten
agua caliente cual la sangre;
cuando, aunque te acune mi mano,
tu angustia, muy densa, taladra
cual estertor agonizante.

Yo aspiro, ¡divino deleite!
¡himno profundo, delicioso!
el gemir todo de tu pecho;
¡tu corazón creo que alumbran
las perlas que tus ojos vierten!

II

Sé que tu pecho, que rebosa
viejos amores desgajados,
llamen aún como una fragua,
y que abrigas bajo tu seno
algo de orgullo demoníaco;

mas, querida, mientras tus sueños
el Hades no hayan reflejado,
y que pesadilla sin tregua,
soñando espadas y venenos,
de hierro y polvo enamorada,

abriendo a todos con temor,
en todo viendo la desdicha,
convulsa cuando dan las horas,
no hayas sentido los brazos
del Asco siempre irresistible,

tú no podrás, mi esclava reina
que sólo me amas con espanto,
en la malsana noche horrible
decirme a gritos desde tu alma:
«¡Yo soy tu igual, oh, tú, mi Rey!»

15 noviembre, 2015

[Poema] La muerte de los Amantes, Charles Baudelaire [Las Flores del Mal]



La Muerte de los Amantes

Tendremos divanes profundos cual tumbas,
lechos de ligeros aromas repletos,
y flores extrañas sobre las repisas,
que bajo los cielos más bellos se abran.

Usando a porfía su calor postrero,
nuestros corazones serán dos antorchas,
que reflejarán sus dobladas luces
en nuestros espíritus, espejos gemelos.

Una noche mística, de rosa y de azul,
intercambiaremos un único rayo,
cual largo sollozo, repleto de adioses;

y más tarde un Ángel, abriendo las puertas,
leal y gozoso, vendrá a reanimar,
los sucios espejos, las llamas extintas.