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31 octubre, 2016

Cartas, Franz Kafka.



No sé cómo abarcar toda esta dicha en palabras, ojos, manos y este corazón. No sé cómo abarcar la felicidad de tenerte aquí, la alegría de que me pertenezcas. No solo te amo a ti. Es más lo que amo: amo la existencia que tú me otorgas.

07 julio, 2016

Fragmento. Franz Kafka, Cartas a Milena.


Hace poco volví a soñar con usted. Fue un largo sueño, pero no recuerdo casi nada. Yo estaba en Viena: todo eso se ha borrado. Pero luego llegaba a Praga y había olvidado su dirección. No sólo la calle; también la ciudad, todo. Sólo el apellido Schreiber surgía de algún modo a la superficie; pero no sabía qué hacer con él. La había perdido a usted por completo. En mi desesperación pensé en varios recursos muy hábiles, pero —vaya a saber por qué— no los puse en práctica. De todos esos ardides sólo recuerdo uno. Yo escribía en un sobre: Milena, y debajo, “Ruego entregar esta carta; de lo contrario, la Administración de Hacienda sufrirá una enorme pérdida”. Con esa amenaza esperaba poner en movimiento todos los recursos estatales para localizarla. ¿Le parece astuto? Espero que eso no la predisponga en mi contra. Sólo en sueños soy tan tortuoso. Extraigo una vez más la carta de su sobre. Aún queda lugar: Por favor tuté- ame una vez más... no siempre, no pretendo eso... 
tutéame una vez.

02 julio, 2016

Fragmento: Pablo de Rokha. Los Gemidos, Elegía del hombre soltero


  Graham Dean

Juventud, juventud llena de precoces canas, lluviosa juventud; dormir sobre la panza pública de las rameras y enflaquecer pensando; libros y libros y libros, enfermedad retórica, literatura y alcohol, dispepsia, cansancio, aburrimiento y precoz pesimismo banal y literario, miseria, lujuria, congoja y triste, amarga pose de poeta melancólico, e infame SABIDURÍA; cuando sonríe el alba, venir dando traspiés, dando traspiés camino del hogar polvoroso, o bloquear sobre el lecho vinagre y mustio; y atardeciendo, ladrar, ladrar, ladrar como ladrara el más podrido de los académicos.

25 junio, 2016

Fragmento, Edgar Allan Poe, William Wilson.



en aquel momento alguien movió el pestillo de la puerta.
Me apresure a evitar una intrusión, volviendo inmediatamente
hacia mi moribundo antagonista.
¿pero que lenguaje humano puede pintar esa estupefacción, ese horror 
que se posesionaron de mi frente al espectaculo que me esperaba?
El breve instante en que había apartado mis ojos parecía haber bastado 
para producir un cambio material en la disposición de aquel angulo del aposento.
Donde antes no había nada, alzábase ahora un gran espejo 
(o por lo menos me parecio asi en mi confusion).
Y cuando avanzaba hacia el, en el colmo del espanto, mi propia imagen,
pero cubierta de sangre, y pálido el rostro, vino a mi encuentro tambaleándose.
Tal me había parecido, lo repito, pero me equivocaba.
era mi antagonista , era Wilson, quien se erguía ante mi agonizante. 
Su mascara y su capa yacían en el suelo, donde las había arrojado.
No había una sola hebra en sus ropas, ni una línea en las definidas y singulares
facciones de su rostro, que no fueran las mías, que no coincidieran en la más absoluta identidad.
Era Wilson. Pero ya no hablaba con un susurro, y hubiera podido creer 
que era yo mismo el que hablaba cuando dijo:

-Has vencido y me entrego. Pero también estas muerto desde ahora...
muerto para el mundo, para el cielo y para la esperanza.

¡En mi existías... y al matarme, ve en esta imagen,

 que es la tuya, cómo te has asesinado a ti mismo!

14 junio, 2016

Demian, Hermann Hesse. Fragmento



Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía, o creía saber, que una estrella no puede ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dio unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozado. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella.

17 mayo, 2016

Breve: A este lado del paraíso, F. Scott Fitzgerald




Tuvo un sombrío consuelo al pensar que ella nunca podría ser más que lo que él había visto en ella; que esa era la culminación de su vida; que nadie la haría pensar como lo había hecho él.

16 mayo, 2016

breve: Fernando Pessoa




"Nunca amamos a nadie. Amamos, sólo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos."