"Una sola presencia hace en tu vida la diferencia."
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06 abril, 2018
A la estrella nocturna - William Blake
¡Tú, ángel rubio de
la noche,
ahora, mientras el sol descansa en las montañas, enciende
tu brillante tea de amor! ¡Ponte la radiante corona
y sonríe a nuestro lecho nocturno!
Sonríe a nuestros amores y, mientras corres los
azules cortinajes del cielo, siembra tu rocío plateado
sobre todas las flores que cierran sus dulces ojos
al oportuno sueño. Que tu viento occidental duerma en
el lago. Di el silencio con el fulgor de tus ojos
y lava el polvo con plata. Presto, prestísimo,
te retiras; y entonces ladra, rabioso, por doquier el lobo
y el león echa fuego por los ojos en la oscura selva.
La lana de nuestras majadas se cubre con
tu sacro rocío; protégelas con tu favor.
ahora, mientras el sol descansa en las montañas, enciende
tu brillante tea de amor! ¡Ponte la radiante corona
y sonríe a nuestro lecho nocturno!
Sonríe a nuestros amores y, mientras corres los
azules cortinajes del cielo, siembra tu rocío plateado
sobre todas las flores que cierran sus dulces ojos
al oportuno sueño. Que tu viento occidental duerma en
el lago. Di el silencio con el fulgor de tus ojos
y lava el polvo con plata. Presto, prestísimo,
te retiras; y entonces ladra, rabioso, por doquier el lobo
y el león echa fuego por los ojos en la oscura selva.
La lana de nuestras majadas se cubre con
tu sacro rocío; protégelas con tu favor.
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06 julio, 2016
Poema. William Blake, Secreto del amor
Jesùs Leguizamo portait III
No digas nunca a tu amor, amor que nunca puede decirse;
pues la brisa suave tiembla silenciosamente, invisiblemente.
Yo dije a mi amor, yo dije a mi amor, yo dije a mi amor mi
corazón entero, tambaleando, helado, entre pavorosos sustos.
¡Ay! ¡ella se fue de mí!
pues la brisa suave tiembla silenciosamente, invisiblemente.
Yo dije a mi amor, yo dije a mi amor, yo dije a mi amor mi
corazón entero, tambaleando, helado, entre pavorosos sustos.
¡Ay! ¡ella se fue de mí!
Cuando ella se había ido, un caminante llegó silenciosamente,
invisiblemente; y se la llevo suspirando.
invisiblemente; y se la llevo suspirando.
25 junio, 2016
Fragmento, Edgar Allan Poe, William Wilson.

en aquel momento alguien movió el pestillo de la puerta.
Me apresure a evitar una intrusión, volviendo inmediatamente
hacia mi moribundo antagonista.
¿pero que lenguaje humano puede pintar esa estupefacción, ese horror
que se posesionaron de mi frente al espectaculo que me esperaba?
El breve instante en que había apartado mis ojos parecía haber bastado
para producir un cambio material en la disposición de aquel angulo del aposento.
Donde antes no había nada, alzábase ahora un gran espejo
(o por lo menos me parecio asi en mi confusion).
Y cuando avanzaba hacia el, en el colmo del espanto, mi propia imagen,
pero cubierta de sangre, y pálido el rostro, vino a mi encuentro tambaleándose.
Tal me había parecido, lo repito, pero me equivocaba.
era mi antagonista , era Wilson, quien se erguía ante mi agonizante.
Su mascara y su capa yacían en el suelo, donde las había arrojado.
No había una sola hebra en sus ropas, ni una línea en las definidas y singulares
facciones de su rostro, que no fueran las mías, que no coincidieran en la más absoluta identidad.
Era Wilson. Pero ya no hablaba con un susurro, y hubiera podido creer
que era yo mismo el que hablaba cuando dijo:
-Has vencido y me entrego. Pero también estas muerto desde ahora...
muerto para el mundo, para el cielo y para la esperanza.
¡En mi existías... y al matarme, ve en esta imagen,
que es la tuya, cómo te has asesinado a ti mismo!
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