31 octubre, 2016

Poema. Alta hora de la noche, Roque Dalton




Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendría la muerte y el reposo.

Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
seria el tenue faro buscado por mi niebla.

Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.

No dejas que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.

No pronuncies mi nombres cuando sepas que he muerto:
desde la oscura tierra vendría por tu voz


corto, Charles Bukowski




Me gustaría llorar
pero la pena es una
estupidez.

Cartas, Franz Kafka.



No sé cómo abarcar toda esta dicha en palabras, ojos, manos y este corazón. No sé cómo abarcar la felicidad de tenerte aquí, la alegría de que me pertenezcas. No solo te amo a ti. Es más lo que amo: amo la existencia que tú me otorgas.

Poema. Las paredes, Blas de Otero


Te extraño mucho
porque me haces una falta sin fondo.
Siento frió en los pies
y calor en todo el cuerpo.
Cuando tu estas
a mi lado,
el mundo rebosa, palpita, se desborda.
Ahora es un cántaro vació,
a punto de quebrarse.
Mujer, dame de beber.
Tengo agrietados los labios
y las manos transparentes.
He comido
tragando ausencia, vació.
Las paredes del salón
te reclaman, me cercan.
El ventanal parpadea.